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Tocar una fibra con una historia...

Hay quienes nos tocan una fibra con su voz, otros con sus fotografías o con sus vídeos, hay quienes lo hacen a través de la pintura o una canción…

A mí me gusta tocar una fibra con una historia

Soy de las que siempre prueba ese nuevo plato que aparece en la carta como novedad de los restaurantes que frecuento. De las que se sienten atraída por descubrir nuevas ideas y experiencias, pero también de las que disfrutan de las pequeñas cosas en la cotidianeidad del día a día.

Entre esas pequeñas cosas siempre hay un «algo»: el aroma café de un determinado origen que desayunas, los rayos de sol que atraviesan el estor hasta encontrarse con la pared repartiéndose en mil motitas de luz, el crujir del pan recién tostado de la tahona de toda la vida, la miel que viste preparar con mil flores, el aceite de tal provincia que te trajo un familiar, aquel objeto que compraste cuando visitabas aquel pueblo…

Esos «algo» —productos— pasan a formar parte de las historias de cada persona. Hacen que determinados momentos sean más significativos, llenos de belleza y queramos repetir esa experiencia

El futuro siempre nos sorprende con innovación, con tecnología cada vez más avanzada… pero como humanos seguiremos moviéndonos con las mismas emociones y deseos.

Para trascender con «algo» —producto o servicio— que responda a anhelos que van más allá del tiempo, el lugar, las clases y las culturas, solo se necesita una cosa: decidir la fibra quieres tocar.

A partir de ahí, crear una narrativa a la que invitar a la sociedad.

¿Sientes más curiosidad?

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Marcas responsables. Historias para el bien común.