Ropa, la que necesites. Cuando la necesites.

¿Cuánto espacio ocupa lo que no utilizas? ¿Y si todos lleváramos la ropa que no usamos a un espacio comunitario?

En este armario ubicado en cada municipio, se depositarían todas las prendas y accesorios a los que no das uso por diferentes motivos: no te gusta, no te vale, nunca encuentras la ocasión de ponértelo o te lo has puesto dos veces y ya no te lo vas a volver a poner, etc., dando la oportunidad de que siga siendo útil para otra persona.

Todos depositaríamos y nos serviríamos según nuestras necesidades reales. Puedes pensar: «pero las necesidades varían de una persona a otra», o «seguro que aparece el/la típica jeta»… No te falta razón. Esto es un escenario ideal, y puestos a soñar un lugar donde nace una solución «comunitaria», es porque es un lugar donde se han cultivado virtudes para el bienestar común.

La Ropateca no es más que un nombre a lo que se mueve debajo de la ropa. De existir un momento así:

  • La ropa dejaría de servirnos como máscara en lugar de una forma de expresar quiénes somos y qué nos mueve. ¿Y no lo hace ya? No lo sé. Cuando eliges una determinada prenda, ¿qué esperas que los demás piensen de ti? ¿Es así? ¿Eres eso que pretendes que piensen?
  • Perderíamos el miedo a desprendernos de nuestras posesiones materiales, que tarde o temprano, se quedarán aquí y no podrás llevártelas contigo. El miedo a perder la seguridad que nos provee el poseer. Como el miedo a perder la identidad que nos da lo que poseemos.
  • El miedo a la escasez, a la probabilidad de que quizás no volvamos a tener algo igual o que nos haga sentir lo mismo.
  • El miedo a desprendernos de recuerdos, porque, parece que los recuerdos son las piezas que definen quiénes somos ahora mismo y si no tenemos recuerdos ¿Quiénes somos en este instante?

 La Ropateca. El Armario de la Comunidad.