Si quieres enriquecerte, enriquece a otros.
Mirando de frente uno de mis puntos débiles, las finanzas personales, he cerrado los ojos y lo primero que se me ha venido a la mente ha sido el recuerdo de un día en una clase de Feng Shui; un curso que hice hace años.
Tenía una compañera jubilada que había desempeñado algún cargo público. Aunque simpatizaba con las gaviotillas, mostraba respeto y admiración por Felipe González. He aquí una reflexión de él, que desde los 90 ella no ha olvidado (y yo tampoco desde que pronunció sus mismas palabras):
“No se trata de dividir el pastel, sino de hacerlo más grande”.
Inspirador.
Tanto que me he dejado llevar y he imaginado cómo aquellos que más en contacto están con el dinero, los bancos, deciden colaborar entre sí para el renacer de una Sociedad más abundante, donde por supuesto, todo el pueblo se remanga para ponerse también manos a la obra con un compromiso que es de todos los Ciudadanos.
Y es que ahora, los Bancos imparten Formaciones sobre cómo Enriquecerse y Enriquecernos entre Todos. Formaciones aptas para todos los públicos. Hay cosas que no han cambiado, como estar suscrito o el tener tu nómina en determinada identidad para obtener dichas formaciones gratuitas. La única competencia que existe entre los Bancos es ganar el primer puesto sobre cuál es el que consigue enriquecer más a sus clientes gracias a sus formaciones, pues bien saben que si los clientes se enriquecen, ellos también. Relaciones win-win ó todo lo que no das, te lo quitas.
[…] He eliminado parte del artículo. Lo que dejo es porque me ha parecido curioso volver a leerlo.
Programas para indigentes
En el sueño de una Sociedad más abundante se han desarrollado programas para poner fin a la Indigencia. Aunque no los conozco muy en detalle, básicamente lo que realizan es dar un hogar provisional en pisos que son propiedad de los bancos a cambio de asistir a unas formaciones sobre riqueza (equivalentes a las impartidas en el jardín de infancia) y realizar servicios sociales. Sí que me impactó que, además de la formación, tuvieran sesiones individuales donde acompañaban a cada persona a trabajar su relación emocional con el dinero, la autoestima y la posibilidad de imaginar un futuro más estable. Usaban como herramienta únicamente la conversación, creando nuevos caminos en la psique.
Corrupción y programas de compensación
Como en el programa anterior, solo conozco algunos puntos superficiales. En este mundo, quienes delinquen con el dinero de todos ya no despiertan solo rencor, sino también una forma de compasión. Hay ricos pobres: personas con abundancia material, pero con pobreza espiritual nacida del miedo, la avaricia o incapacidad de sentirse parte de algo común.
Lo que es de todos siempre quedará aquí. Aferrarse tanto el patrimonio personal es un signo de inseguridad además de añadir un estrés por mantener algo que tras unos años, cuando te marches del mundo, no podrás llevártelo contigo.
La cárcel como castigo quedó desfasada en estos casos. En su lugar existen los Programas de Compensación. No reciben formación, dado que el perfil de los que delinquen suelen tener conocimientos suficientes en materia de dinero. Han roto su vínculo con la comunidad. Por tanto, además de compensar su infracción mediante servicios sociales hasta subsanar el perjuicio, reciben también sesiones individuales así como grupales para transformar la pobreza espiritual y restablecer los lazos con la comunidad. En algunos casos, estos programas son muy similares a los Programas para Indigentes.
Latiendo entre líneas, cierro estos párrafos recordando aquello que muchas veces hemos escuchado y que dice así:
“Compartir multiplica”.
Un Nuevo Mundo. Los bancos.
Gemma Sierra
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