Cuando cumplir también es rebelarse.
¿Puede una historia inspirar a los empleados de un banco a cumplir con una norma que a veces se omite por costumbre?
Segundo reto de storytelling corporativo
Contar en menos de dos páginas una historia que motive a seguir el protocolo de prevención de blanqueo de capitales (pedir el DNI original, el origen de los fondos, los datos del destinatario y del ordenante…). Todo ello, sin datos técnicos, sin moralinas y con un mensaje que se recuerde.
Aunque lo habitual habría sido mostrar a un empleado que incumple y se mete en un lío, opté contar la historia desde otro ángulo: mostrar el conflicto desde la mirada de alguien que a pesar de estar al margen, encarna la tensión de fondo.
“La historia debe conectar con una tensión, una contradicción real, algo con lo que todos nos hayamos peleado alguna vez.”
Disclaimer
Esta historia es una pieza de ficción. El tono, los personajes y las opiniones expresadas no reflejan necesariamente mi punto de vista personal, sino una exploración narrativa del conflicto planteado en el reto.
Contiene lenguaje coloquial que refleja el estado emocional de su protagonista. He decidido mantenerlo para preservar la autenticidad del relato.
La historia
— ¡Ah! ¿Pero qué es esto? ¿Dónde estoy?
— En el cielo
— ¿Cómo que en el cielo? ¿El cielo huele a curry? Esto debe ser un sueño. ¿Y tú quién eres, Dios?
— Eso ahora no importa.
— ¿Pero qué hago aquí?
— Parece que alguien se ha ido un poco estresaaado hooooy…
— ¿Estresado? ¡Puto Paco, que somos vecinos de toda la vida! Pues no voy hoy al banco a hacerle una transferencia a mi hija para que pague unas tasas de la universidad y va y me pide el DNI original. ¡Pero si somos vecinos! Que si justifique el origen de los fondos, que si datos de contacto del ordenante… ¿Pero qué desconfianza es esta?
— Uy, uy, uy… Estresado y calentito.
— Perdóname pero para ser Dios me pareces muy informal
— Para estar hipotéticamente hablando con Dios, no muestras mucha reverencia.
— ¡Claro! Como a ti no te achicharran a impuestos… Hoy cerramos el trimestre, y después de lo del banco, hoy, especialmente hoy, me toca los cojones ver cómo Hacienda se lleva la mitad de lo que facturo.
— ¿La mitad eh? Debes de facturar un buen pico…
— ¡Mis años de jornadas maratonianas y discusiones familiares me ha costado! Que esto tiene que cambiar joder. Estoy cansado.
— No es poca cosa, no…
— Pues no. Pero espera, que hay más. Según salía de la oficina, de refilón, escucho a un empleado decir que cobran poco para todo lo que hacen. Pues nada, majo, inténtalo por tu cuenta. A ver cuánto tienes que facturar para que te queden en limpio los mismos euros que cobras a fin de mes. Pero ojo, en menos de 8h, eh. Nada de echar un minuto de más. ¡Esto es el colmo! … ¡Y encima votan al enemigo!
— ¿Al enemigo?
— ¡Sí, al enemigo! ¡Pero si somos los empresarios los que creamos puestos de trabajo! ¡No el Estado! ¡Nosotros! Aunque, pff… ya da igual, unos u otros… al final siempre pagamos los mismos.
— Aquí huele a frustración reprimida…
— ¿De qué me sirve tanto esfuerzo? Tantas vacaciones sin desconectar para ganar más, y cuanto más gano, más me quitan.
— Interesante teoría… ¿Quieres decir que el esfuerzo es castigado?
— En este país es así. Salvo para los políticos, que a ellos seguro que no les piden el DNI ni el origen de los fondos. Ellos roban y no pasa nada.
— Si los políticos se tiran por un puente, ¿tú también?
— ¿No serás mi abuela Marcela?
— Hijo mío, a ver si Paco no se la quiere jugar… No solo con su puesto actual, sino con su carrera profesional. Como haya una inspección o salga a la luz algún caso, a saber las sanciones que le pueden caer por saltarse la normativa. Y quizá lo peor no es la multa, sino su reputación. Anda, háblame más de eso de que el esfuerzo es castigado… porque parece que no te has beneficiado de los hospitales, las carreteras ni la educación recibida.
— Mmm, ¿te refieres a la utopía de un “Estado de Bienestar”? ¿Sabes...? Cuando decidí tener mi propio negocio, aún trabajaba para otros, pero tenía claro que la libertad y el dinero que quería ganar no los iba a conseguir siendo empleado. Antes de montar la empresa y vender yo mismo mi idea, me motivaba el impacto que esto tendría ahí fuera, un impacto que, a su vez, me haría prosperar económicamente para que mis hijos no pasaran por la escasez que yo viví de pequeño. Fíjate, acabo de recordar que entonces me convenía esa redistribución de la riqueza. Mis padres trabajaban en el campo y no pudieron estudiar, así que me parecía justo que los que más tenían ayudaran a los que menos. Sonaba ideal esa solidaridad social… hasta que vives el otro lado. Ahora me tiro todo el día, y algunas noches, dándole mil vueltas a la cabeza tomando decisiones y renegociando. Sabiendo que, si me equivoco, no solo me hundo yo, sino también los que dependen de mí. Y mientras vivo en esa incertidumbre, unos se llevan la mitad, otros hacen trampas y otros no saben lo que vale un peine. Pero aquí sigo, tirando para adelante, buscando la manera de hacer que esto prospere y crezca para todos… y de que me crujan lo menos posible a impuestos. Para mí no hay plan B. Quiero darle lo mejor a mi familia: la mejor casa, las mejores vacaciones, la mejor educación… y quiero dejar huella ahí fuera.
— Hmm, veo que tienes un conflicto entre el ideal de contribuir a la sociedad y la frustración de que el esfuerzo y el riesgo que asumes no vuelve a ti en la misma medida. Contado así, parece un gran sacrificio.
— Primero Dios… luego mi abuela Marcela… y ahora pareces Edu, el mentor de liderazgo del mastermind de los martes a las seis de la mañana. ¿Qué locura es esta? Y sí, lo es. No hay otra manera de contarlo.
— ¿Sabes una forma de cuidar todo ese esfuerzo y contribución que haces para que no acabe alimentando lo que criticas?
— Ilumíname.
— Pues además de cuestionar cómo funcionan los impuestos, exigiendo transparencia. ¡Vaya! Se me viene a la cabeza alguien que ya está contribuyendo a esta misión. Alguien que enfrenta con valentía la incomodidad de pedir el DNI y el origen del dinero… incluso a su vecino de toda la vida.
— Paco…
— Sé como Paco.
— Touchè.
— Hijo mío, lo que haces hoy moldea el mañana de todos. Actúa como deseas ver la realidad ahí fuera. Si algo une a todas las filosofías y religiones del mundo, es que estamos aquí para ser de beneficio al mayor número de seres. Ya lo dije una vez, sé el cambio que quieres ver en el mundo.
MEEEEC. MEEEEC. MEEEEC. 6.00 AM.
Alarma del despertador sonando.
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